La decada del comportamiento: acciones y posibilidades

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La década actual es la década del comportamiento, sucesora de la década espacial y la década del cerebro.

Hoy sabemos que las herramientas que posibilitan el salto cuántico de los individuos y de las sociedades, no están fuera de nosotros sino en el enorme potencial de nuestro cerebro.

Los adelantos en neurociencias y en neuropsicología suministran información de gran utilidad sobre el funcionamiento del cerebro y los neurocircuitos implicados en los procesos que determinan las conductas, los comportamientos, la toma de decisiones y la inteligencia organizacional, lo que supone un avance notable en la comprensión, visión, funcionamiento y utilización de las estrategias necesarias para la optimización de los recursos propios del ser humano y para el mejor dominio de realidades de la vida cotidiana: trabajo, relaciones, creatividad, proyectos y conducta.

Por ejemplo; sabemos que existe una región del cerebro, la corteza cíngulada anterior en la que los sistemas relacionados con la emoción, los sentimientos, la atención y la memoria funcional interactúan de manera tan íntima que constituyen la fuente de energía tanto de acciones externas (movimientos) como de la acción interna (animación del pensamiento y del razonamiento)

Esta región manantial es otra pieza del sistema límbico involucrada en la atención y en las emociones que funciona como sistema de aviso en caso de peligro, antes de que sucedan hechos de riesgo.

Los científicos de la Universidad de Washington en Saint Louis han identificado a la corteza cíngulada anterior como la región del cerebro que registra el entorno, sopesa las posibles consecuencias y ayuda a las personas a ajustar su comportamiento según el nivel de peligro de cada situación.

Del estudio se desprende que esta parte del cerebro podría señalar que se ha cometido un error antes incluso de que el sujeto haya tomado la decisión equivocada.

La corteza cíngulada anterior funciona como un sistema de alerta anticipada que advierte al sujeto de las consecuencias de su comportamiento, incluso antes de que se concrete.

Este sistema se activaría a nivel inconsciente y ayudaría a reconocer y evitar una situación peligrosa.

Esto podría explicar cómo, tribus nativas de Indonesia, anticiparon la inminencia del Tsunami escapando con sus animales hacia cotas geográficas elevadas.

Hasta el momento se había medido la actividad de esta área cerebral cuando los individuos tenían que tomar importantes decisiones entre varias opciones y cuando cometían un error.

Ahora se ha visto que también se activa esta zona cerebral, cuando es posible que se cometa un error, incluso antes de que la obligación de tomar una decisión se presente, es decir que esta área cerebral calcula anticipadamente, a nivel inconsciente, ciertos elementos que el consciente individuo ni se imagina.

Estos adelantos en neurociencias y otros, como el reciente descubrimiento de las llamadas Neuronas Espejo, abren puertas a la posibilidad de acciones que modifiquen comportamientos no funcionales ni deseados, por ser antisociales y antieconómicos, como ser la falta de respeto a las normas de conducción de automóviles que tantas vidas esta costando.

Es gracias a las neuronas espejo que se crea un puente entre Uno y los Otros.

Se llaman neuronas espejo porque se activan, tanto al realizar una acción como al ver cómo otros la realizan, aportando evidencias biológicas al aprendizaje por imitación.

Las neuronas espejo nos indican que llegamos al mundo con las conexiones necesarias para la empatía y la colaboración, por tanto podemos concluir que el encuentro y la complementariedad es más natural que la separatidad y el desencuentro, y que el Interés Mutuo y la Reciprocidad como modelo de accionar, puede ser un poderoso motor de crecimiento en armonía.

Si la observación de una acción llevada a cabo por otro individuo activa las neuronas que permitirían al observador realizar la misma acción sin que se percate de lo que está ocurriendo en él, podemos concluir que algunas actitudes y conductas se contagian y que también pueden inducirse
Esta capacidad de contagio puede ser muy útil cuando se trata de modificar patrones de comportamientos sociales arraigados y complejos, como por ejemplo, la forma de conducir y el comportamiento en el tráfico.

Creemos que a partir de un Programa de Educación Social abierto y en red, que active un Aprendizaje Generativo de valores a aplicar en las relaciones, como por ejemplo el valor del Interés Mutuo y la Reciprocidad, se puede sentar una buena base desde donde orientar y enseñar al ciudadano a cuidar y gestionar sus emociones y sus actos, en beneficio del conjunto y de sí mismo.

Eduardo Troncoso Mosquera

Montevideo 5 de Julio 2011.

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